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Zagalillo de lento desvelo
en armario por voz serena,
prometió no acometer en tu pelo
que moriría al nacer en la arena.
Apretaste tu nariz roja,
con mirarte en el espejo,
y si lejos pasaron mis besos por hojas,
¿qué no pasarán por reflejos?
Respuestas vacías llenaban a lo lejos
al granuja en la puerta,
con mis zapatos viejos.
Nariz roja en invierno,
cual semblante de un silencio,
enmudecía mi habla por momentos.
Cigarrito que ahoga mi pena,
alcohol que embelesa tu aroma,
me duele la gloria en las venas,
derrota, que jadeante tomas.
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