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En un punto solitario entre la agonía y duda sobre el mañana, pasan de una manera inmadura y maleducada, sucesos, personas, hechos, gestos y valores.
¿Valores, gestos? Pero por qué hablamos de los elementos que dan virtud al ser humano, si somos tan
“humanos”que no nos respetamos, no nos salvamos ni nos queremos. ¡Qué sí, qué lo sé! He hecho oratoria de lo mismo varias veces, pero cada vez más veces, me incomoda y siento hastío por esta sociedad.
Ya no hay maneras con sonrisas, tartamudeo de la mano, enemigos de cuando eras niño, escritos con el corazón, charlas de café y sinceridad de miradas. Un paréntesis a un nuevo
“rollo”, una
“nueva manera” de hacer las cosas; y si no te gusta
“coges las cosas y pírate”. ¿Perdona? La llama o el hervor de las personas está contaminado, yo suelo decir que tiene cáncer.
La gente que solo ve en sí misma el monólogo de la vida totalitaria de los que les rodean, que no hay nada más a la vista que un solo modus, corpus o las jergas que quieran ponerle. Das por quien te hace daño, haces para que te pisen, te mueves por quien te abandona, te esfuerzas por quien te muerde. Acaban agotándote por dentro, pero ellos mismos también, aunque no lo saben.
Yo de tanto pensar, me dicen de manera cómica
“el tornillo”, de darle tantas vueltas a las cosas. Pero ya me cansé… ¡sí, me cansé! Solo me queda decir, ¡que os follen! A mi no me van apagar mi llama, a mi no se me irán las ganas de dar por quien lo merece, a mi no se me van las ganas de vivir y de sonreír, a mi…simplemente no.
Nunca se dicen las cosas como uno quisiera y yo lo acabo de hacer. Desordenado, mal, caótico y sin gritar lo que grito.
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